Imaginemos por un momento que el impostor Pepino fuera realmente un simple ciudadano conmovido por el dolor de las víctimas, un adalid de la justicia decidido a encontrar a los verdaderos culpables de la masacre del 11M.
¿Qué sentido tendría entonces titular los posts de su blog de esta manera?
-Las miguitas de Pulgarcito. -Amistades peligrosas. -El rayo que fulmina. -Noche de perros. -Los tontos de baba. -Meditaciones sobre el coleccionismo. -Cerebros de quita y pon. -Reloj, no marques las horas. -Camino de perdición. -Barrio Sésamo. -¡Tachaaaaaan! -Una de piratas.
Si yo fuera familiar de alguna de las víctimas del 11M, no me gustaría que nadie escribiera de esta forma sobre la muerte de mis seres queridos.
Dudaría de las verdaderas motivaciones de ese tal Pepino.
Pensaría que es un pobre payaso intentando ganarse la vida a costa del dolor de los míos.
Yo era un pobre pezón sin color definido hasta que una tarde lluviosa de otoño me encontré al Gran Pepino saliendo del Manolo's.
Me pidió un cigarrillo.
Me pidió fuego.
Me preguntó la hora.
Desde entonces me caigo del caballo cada cinco minutos, un resplandor me ciega los dos ojos si estornudo y todo me parece un gran bujero negro, pero soy feliz: tengo una misión y dos pezones blancos.